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La vida se repite


Relato de pere_gil para el I Concurso Literario de ACB.COM

  • pere_gil

La vida se repite
uno más va a morir
La vida se repite
¿podrás evitarlo?
La vida se repite
el quinto del quinteto
La vida se repite
hasta que algo la hace diferente

La vida se repite, la vida se repite, la vida se repite. El Inspector Gil no puede sacarse esa letanía de la cabeza. Como las 4 veces anteriores, un maldito SMS para avisarle justo 6 horas antes de que se cometa el asesinato a las 22:00.
Se rastrea el mensaje sin éxito; otro SMS enviado desde un móvil robado al descuido en la barra de un bar a un asustado chaval de 14 años.
No hay rastro, no hay nada; nada que no sea esperar a que se encuentre el cadáver.
Bueno –se consuela Gil– al menos parece que éste será el último: “el quinto del quinteto”.
Son las 9 y Gil ha perdido toda esperanza.
      - Creo que llamaré a casa para avisar que hoy no iré a dormir.
Marca y enseguida suena la voz de Iván, su hijo.
      - ¿Qué pasa, viejo?
      - Desde luego, cada vez tienes menos respeto a tu padre, tío. Dile a tu madre que hoy no tengo hora de llegada. Me temo que vamos a pasar una noche toledana en comisaría.
      - Vale, ¿algo mas? Es que empieza la segunda parte del basket.
      - ¿Está entretenido? –pregunta Gil, más por distraerse que por interés real en el partido.
      - De momento igualado; no como en el Mundial, que les dimos un buen repaso.
      - ¿En qué mundial?
      - ¡Pero, papa! ¿En qué mundo vives, tronco? Llevan todo el fin de semana diciéndolo en la tele; que en este Eurobasket se repite la final del Mundial de Japón, que juegan los mismos equipos, que España y Grecia han repetido exactamente la misma selección, que todo se repite.
Una idea cruza fugaz la mente del inspector: “el quinto del quinteto, la vida se repite hasta que algo la hace diferente”
      - Hijo –exclama Gil– seguro que no todo se repite; rápido, piensa y dime qué hay diferente. Tiene que haber algo diferente.
      - ¡Claro que hay diferencias, papa! Esto es Madrid y el Mundial fue en Japón.
      - No, otra cosa –corta Gil secamente.
      - ¡Yo que sé, papa! ¡Joder, me estás rayando ya con esta movida!
      - Venga Iván, es muy importante; tiene que haber algo claramente diferente respecto a aquel partido de Japón –Gil insiste porque su instinto le dice que ha dado con la clave.
      - Hombre –asiente finalmente Iván– juega Pau. ¿Recuerdas que en Japón se lesionó y no pudo jugar la final?
      - ¿Papa? ....... ¿papa?
Ya no hay respuesta al otro lado del teléfono
      - A este hombre se le está yendo la olla de forma preocupante –piensa Iván mientras se acopla en el sofá a seguir viendo la final.
Gil ha salido disparado hacia el coche. Baja a todo trapo, sirena y luces prendidas, por Gran Vía hacia Alcalá. En 5 minutos estará en Goya con el Palacio de los Deportes a reventar.
La cosa no será fácil. Encontrar a un desconocido en medio de trece mil desconocidos, sin levantar sospechas, sin crear pánico, sin interrumpir un partido transmitido por TV a medio planeta.
      - De esta al paro –piensa Gil al mostrar su placa en la puerta donde le espera el Jefe de Seguridad.
Una breve reunión en la Sala de Crisis y se transmiten instrucciones a los efectivos policiales en el pabellón. Una dotación de Operaciones Especiales ya está desplegada en posiciones estratégicas. Las cámaras de seguridad comienzan un lento barrido de todos los rincones, caras y objetos sospechosos.
21:45. Sólo 15 minutos para la hora fatal. Quedan 2’12” de partido: España 70–Grecia 71.
Despejado, despejado, despejado; otra vez una letanía sale de la emisora de la Sala a medida que los diversos grupos van peinando las áreas asignadas.
21:55. Quedan 58” de partido: España 74–Grecia 73. Gil no aguanta más y sale de allí, necesita aire fresco.
21:58. Quedan 10” de partido: España 75–Grecia 76. El triple de Fotsis ha puesto a los helenos arriba y Pepu pide tiempo para ordenar la última posesión.
Saca de banda Mumbrú, con Navarro y Felipe abiertos todo apunta a que se la jugará Calderón buscando canasta o personal. El base bota y Gasol sube a bloquear, la ayuda de Papadopoulos a Zisis crea un trap sobre Calderón que queda muy presionado, pero aunque no lo vea, sabe que Pau ha hecho la continuación al poste bajo y ahora tiene que estar desmarcado. Un rápido reverso y ahí lo tiene; el pase roza un brazo defensor pero llega nítido a Pau, que no lo piensa, mira a canasta, inicia el gesto automatizado de tiro desde 3 metros, su mente concentrada en una sola imagen, la de un aro, no hay más alrededor, no hay tiempo. Pau tiene el balón deslizando por sus manos, en la máxima extensión de los brazos, ya sólo queda el golpe final de muñeca, las yemas de los dedos serán el último punto de contacto del balón con su cuerpo; y de repente se hace el silencio, un silencio tremendo, absoluto, trece mil gargantas han callado, los banquillos han callado, sus compañeros han callado, todo ha callado. El balón ya no está en sus manos, vuela lento a su destino.
Desde una posición privilegiada en lo más alto del Pabellón, Gasol aparece nítido en la mira telescópica del fusil de precisión, volviendo a la cancha tras el tiempo muerto. Comienza el movimiento de jugadores y el dedo ejecutor ya se apoya suavemente en el gatillo. Cuatro jugadores se entrechocan en la línea de personal y rápidamente Gasol se separa hacia el fondo de la pista. Ahora está solo, ahora es un blanco claro, el tirador lo ve recibir el balón y elevarse para lanzar a canasta, el dedo ya ha iniciado el movimiento pendular sobre el gatillo.
El sonido de un disparo queda apagado por el rugido ensordecedor de trece mil gargantas. Gasol parece ausente al júbilo que le rodea, se arrodilla e inclina su cuerpo hacia adelante hasta el suelo. Se mantiene así encogido unos segundos, mientras recuerda con una pícara sonrisa la promesa que hizo a su hermano Marc antes del partido: arrodillarse y besar el parquet si ganaban la Copa, como hacían de pequeños imitando con malicia al Papa.
Mientras, en lo más alto del pabellón, la pistola aún humeante del Inspector Gil todavía apunta al individuo que ahora yace inerte frente a él.
La vida se repite –murmulla Gil– hemos vuelto a ganar.

Pere Gil i Bufarull